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Luis Carlucho Martín

Un perceptible acento guaro, con tono pausado pero seguro, al igual que su andar, respeto y bonhomía, definen la cotidianidad del reconocido traumatólogo, ortopedista, cirujano –con especialización en medicina ortomolecular– Ricci Terán, quien tiene estampado el deporte en todas las facetas de su vida.

La aseveración está refrendada con unas 300 medallas que durante sus días mozos ganó en carreras de fondo y medio fondo y en otras disciplinas como fútbol, futbolito y volibol. «Menos beisbol, porque a pesar de que yo era un juégalo todo y me gustaba la pelota, nunca la practiqué», agrega en sus remembranzas.

Ricci, rey de la ozonoterapia, el “José Gregorio del deporte”, como se le conoce afectuosamente, realmente no quería ser médico sino periodista deportivo… y aún es una de sus metas.

Complacer al padre

¿En serio? Sí. Ricci, hijo de una familia humilde y muy numerosa de Barquisimeto –14 hermanos en total–, ingresó a la escuela de medicina “Pablo Acosta Ortiz” de la Universidad Centroccicental Lisandro Alvarado, UCLA, para complacer los deseos de su papá, Don Francisco Terán, el maestro de escuela que años antes se había empeñado en que fuese el mayor de su segundo matrimonio quien le diese esa satisfacción.

“Estudiando medicina me fui adaptando y me enamoré de lo que hago. Cada paso por las diversas especialidades me convencía más de que mi destino era ser médico, pero siempre con el deporte como aliado”, explica.

Asumió que si no le gustaba la medicina tendría que estudiar algo referente a informática, ya que era una de las carreras accesibles en su Lara natal. “Periodismo y locución implicaba irme a estudiar a Caracas y eso era impensable por la situación económica en casa. Pero me fui compenetrando con la medicina y ahora es lo mío”.

En su pasantía de medicina rural, en Apurito, conoció al traumatólogo zuliano Aniceto García –su actual compadre–, quien lo fue puliendo en eso de la traumatología.

“El resto del rural lo completé en esos mastrantales de Achaguas y San Fernando, además de Humocaro Bajo, en Lara”, ahondó.

Ricci había quedado prendado, desde sus primeros días como estudiante, con la medicina forense. Su deseo era ser patólogo. Incluso, desde el 7º semestre, fue monitor y daba clases a sus compañeros más nuevos en la carrera. Pero el Dr Aniceto, en su claro dialecto maracucho lo puso en camino: “Vos no estáis hecho pa’ lidiá con muertos, vos vais a ser más útil como traumatólogo. Así que dedícate a esto. Más un coño”. Y listo.

Milicia…y deporte

Terán obtiene el título como médico cirujano de la UCLA y se especializa, gracias a su recorrido rural y luego por algunos hospitales de la FANB –otro de los ambientes inseparables de este particular médico del deporte.

Su apego por la vida militar nace de una invitación de parte del Capitán de Navío Línder García, de la especialidad de oftalmología, de la Escuela Naval de Venezuela.

Luego de las exigentes pruebas, el aspirante larense obtiene las mejores notas y clasifica como número 1, pero debía ratificarlo con pruebas físicas –que estuvo a punto de perderse debido a su afección por neumonía–. “Ese día me quité las vías del tratamiento, allá en Carora, donde estaba hospitalizado. Me vine a La Guaira. Y obtuve el vistobueno de la Armada. Desde entonces asumí un compromiso más con la patria y con mi carrera”, asevera.

Milicia y deporte

Cuando se nace para martillo del cielo te caen los clavos. Así reza un viejo refrán. Ricci no fue la excepción. El destino –gracias a su dedicación– parecía perseguirlo.

Logra un permiso dentro de la FANB y continúa su especialización para titularse como traumatólogo. En ese trajinar la vida le pone al frente a un paciente muy influyente que marca, en lo sucesivo, su carrera: “En 2017 conozco al Coronel Wilfredo Boada, un paciente al que intervengo quirúrgicamente por su afección en la columna. Cuando se recupera lo nombran al frente de la Federación Deportiva Militar y desde 2018 me incluye como médico. Fui a las olimpíadas militares de 2019, Batalla de Carabobo en 2020, Juegos Militares en Rusia 2021”, indica con emoción sobre este recorrido al que se sumará su presencia en el Mundial de Ciclismo de Montaña Militar a finales de septiembre 2026, así como las Olimpíadas Militares en Carolina del Norte del 24 de junio al 4 de julio de 2027…y lo que falta.

Es que Ricci, como civil y como militar, está indisolublemente ligado al deporte.

En sus días de universitario jugó baloncesto, además de involucrarse de lleno con todas las demás disciplinas deportivas. Lidera la Comisión de Deporte de la Escuela de Medicina de la UCLA, CODEM. De allí pasa a la Secretaría de Deporte del Centro de Estudiantes de su alma máter.

El destino le sigue poniendo el deporte al frente y un día cualquiera de 2008, mientras veía un juego de beisbol en el estadio Universitario de Caracas, se lesiona un jugador y, por pura vocación, le correspondió atenderlo. Era Néstor Molina, “Supermán sin capas”. Desde allí se involucró con la LVBP y más aún con sus queridos Cardenales de Lara…posteriormente con los Héroes de Portland…es clave en muchas disciplinas en las cuales se codea con lo más granado.

Su papá, además de maestro de escuela, para redondear el sueldo, en horarios nocturnos, supervisaba la taquilla principal del “glorioso estadio Antonio Herrera Gutiérrez”, que quedaba a dos cuadras de su casa de crianza. Sin dudas, una gran influencia, ya que eran asiduos visitantes del coso larense para ver deporte y cualquier otro espectáculo.

“Creo que por eso también llevo la salsa en la sangre. El estadio era el escenario por excelencia de grandes eventos y como teníamos la facilidad de acceso, allí vi a grandes luminarias como la Fania All Star a finales de los 70 y a Oscar De León, entre otros”, agrega en este coctel multifacético en el que con mucho honor ostenta el rango de Capitán de Fragata.

Certificado de excelencia

La humildad de Ricci Terán está en su vestir diario –informalmente casi siempre, con franelas de Cardenales de Lara o de cualquier equipo de baloncesto–, en su gorra de pelotero, en su sugerencia permanente, en su empatía casi automática ante todo y con todos, lo que le ha generado infinidad de reconocimientos, diplomas, placas…

Entre ese arsenal de gestos de aprobación por parte de pacientes, entidades y comunidades atendidas, hay un galardón que –literalmente– lo hace llorar: Certificado de excelencia que le otorgó la comunidad de La Cañada en la parroquia 23 de Enero, debido a sus valiosos e innegables aportes. “Debo agradecer al profesor Sioux Fernández por motorizar este reconocimiento a mi persona. Es que me conecté tanto con esta parroquia caraqueña que aquí tuve a mi hijo menor Stteffano David (5)”, indicó visiblemente emocionado, quien además es papá de Ismael Francisco (22) y Alexánder Jesús (18).

Ese reconocimiento –el que más valora, reiteramos– es apenas uno de muchísimos que ornan las paredes de su nuevo consultorio privado en La Carlota, donde pasa consulta de manera compartida con su Comisión de Servicios en el Centro Nacional de Ozono en La Florida.

Terán además de ser oficialmente el médico de Cardenales de Lara, de la selección de boxeo, de equipos de baloncesto máster y de algunas artes marciales, suma a sus logros cinco padrinazgos de promociones de traumatólogos del Hospital Militar de Caracas, “Carlos Arvelo”, donde laboró 15 años. No obstante, que la comunidad lo reconozca y lo aprecie le importa mucho más…

Algo que también hincha su pecho es la cantidad de amigos que ha cosechado a través de su trayectoria. Son muchos. Enumerarlos sería un largo listín. Mención especial para la familia Corro, responsables de la Escuela de Beisbol Menor «Ratones de Naiguatá», a la que llegó a través de otro médico, Dr Alexis Rivero.
También, como hombre de deporte, sabe la importancia del trabajo en equipo, de allí su confeso respeto y admiración por la enfermera profesional Belckys Medina, su eterna compañera y amiga de trabajo.

Todos por el Tío Chiche

Junto a Don Francisco, Doña Gladys Pastora –secretaria de escuela– lideró una numerosa familia, típica de ese Barquisimeto de los años 60 del siglo pasado: William (+), Zuly, Aura, Luisa, Ricci, Rigner, Ruth, Roldmer, Francisco, Oswaldo, Lingo, Daniel “Coco”, Luis y “Francisquito”, son todos los miembros de la numerosa camada.

Entre todos los hermanos, afectuosamente, se llaman “tíos”. Él, Ricci, es “Tío Chiche”, quien relata cómo todos sus hermanos y sus padres, por supuesto, aunaron esfuerzos para que cursara exitosamente la carrera de medicina que él no quería estudiar: “Todos por Tío Chiche”, era una especie de consigna familiar. Entre esa unión familiar, por una causa común, más los descubrimientos propios de la carrera, conformaron el punto de motivación para que Ricci sea quien es: uno de los más exitosos traumatólogos del país.

Ético por siempre

Sin tapujos y muy espontáneamente siempre habla a sus pacientes y allegados acerca de la importancia de la medicina preventiva, de los métodos auxiliares y de apoyo –no reemplazantes–, además profundiza en torno a la gran industria farmacéutica que ve clientes en vez de pacientes.

Constantemente sugiere métodos de prevención como las posturas correctas y la conciencia ciudadana a manera de evitar accidentes con posibles daños graves o permanentes. Señala que, el libreto repetido en la mayoría de accidentes que incapacitan o que causan amputación, es la “inconsciencia”.

Al respecto, recomienda como herramienta complementaria la medicina ortomolecular y explica cómo, a partir de la Declaración de Madrid 2020 –en su tercera edición– la ozonoterapia cobra mayor fuerza con apoyo de científicos, médicos, biólogos, químicos, tanto para uso humano como veterinario e industrial.

Cuando aborda, más en profundidad, el tema con respecto a la aplicación de las terapias, advierte sobre posibles riegos, pero también expone las bondades, de las cuales tiene infinidad de ejemplos en innumerables pacientes que han dado y siguen dando fe del poder curativo y de alivio de lesiones y de diversas patologías. Terán insiste en que la traumatología no es solo para curar sino también para prevenir.

Con respecto al rol de la industria farmacéutica, denuncia que EEUU desde 1900 descubrió, por ejemplo, las bondades de la ozonoterapia, pero los intereses de la familia Rockfeller –»si no estás conmigo no estás con nadie»– de alguna manera invisibilizaron lo que era efectivo y más económico y prefirieron impulsar “un gran monstruo que te mantiene en tratamientos constantes para que consumas sus productos, porque así se alimentan los intereses de las grandes corporaciones”, añadió.

En tal sentido, el Dr Ricci Terán agradece de por vida la formación que recibió de parte de los especialistas y pioneros de la ozonoterapia, Dr Luis Ojeda (en Caracas) y Dr Sergio Viti Paganelli (En Venezuela).

Así es Ricci Terán, quien algún día asumirá el reto del periodismo deportivo y escribirá unas páginas sobre relatos como el suyo…

Un médico 24/7 que, bondadosamente, sabe administrar su tiempo entre lo civil y lo militar, siempre de la mano del deporte.

 

El Pepazo

Fuente original: Diario Digital El Pepazo https://elpepazo.com

https://elpepazo.com/el-dr-ricci-teran-queria-ser-periodista-deportivo/?fsp_sid=56936

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