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El ventilador de El Bohemio giraba con esa lentitud que precede a las grandes confesiones. Sobre la mesa del rincón, Anacleto había desplegado una serie de recortes de prensa, algunos con titulares que parecían sacados de una novela de espías, otros con fotos de rostros conocidos que, hasta hace poco, juraban desde Miami que nunca volverían a pisar suelo venezolano. A su alrededor, la profesora, el coronel retirado, el boticario, el viejo periodista, el sindicalista, un obrero, Carmen, la estudiante de sociología y varios desconocidos de mesas cercanas esperaban con esa mezcla de expectativa y escepticismo que solo se respira en los cafés donde la política se discute sin filtros.

El pichón de periodista fue el primero en hablar. «Anacleto, esto es increíble. Los que se fueron jurando que nunca volverían están regresando. Unos deportados por el ICE, otros porque el «sueño americano» se les convirtió en pesadilla, otros porque les agarró el pánico. ¿Qué hay en el fondo de todo esto?»

Anacleto no respondió de inmediato. Encendió un cigarrillo con esa parsimonia de quien sabe que las grandes ironías de la vida no se entienden con prisas, sino con el peso de la historia. Exhaló el humo hacia el techo y lo vio deshacerse contra las aspas. «Camarita, lo que está pasando es que el «sueño americano» se les convirtió a muchos en pesadilla americana. No vivieron nunca el famoso «sueño americano»… lo que en realidad vivían era una horrenda pesadilla. Ahora, con el ICE persiguiéndolos sin importar a qué grupo pertenezcan, hasta Doralzuela se ha convertido en un suburbio fantasma. Y no lo digo yo: lo dicen las cifras del propio ICE, que en el año fiscal 2024 ejecutó más de 270.000 deportaciones, la cifra más alta en una década. Para 2026, con la intensificación de las redadas en Florida y Texas, se proyecta superar las 350.000. Esa es la realidad que no quieren ver los que todavía sueñan con Miami.»

La profesora, con esa precisión de archivo que la caracteriza, desplegó un informe sobre las deportaciones. «Anacleto, empezó el éxodo de regreso al terruño abandonado. Unos a la fuerza, algunos arrepentidos, otros asustados de que los agarrara la migra y los deportara a algún país africano, otros mandados para hacer «guerra cognitiva» interna, otros para guarimbear, otros para crear matrices de opinión adversa al gobierno y alguna que otra «noticia falsa». Pero muchos, porque sé que no debo generalizar, con la cabeza gacha por haber fracasado. Y no es solo percepción: el barrio de Doral, en Miami, conocido como «Doralzuela» por la alta concentración de venezolanos, ha visto una reducción del 40% en su actividad comercial y residencial desde el inicio de las redadas masivas en 2025. Las agencias inmobiliarias reportan un aumento del 60% en propiedades en venta con urgencia. Eso lo publicó The Miami Herald en marzo de 2026, no un panfleto chavista.»

El coronel retirado, con su voz grave, se inclinó sobre la mesa. «¿Y entonces, por qué vuelven ahora? ¿No decían que aquí los perseguían?»

Anacleto apagó un cigarrillo y encendió otro, su ritual del pensamiento. «Coronel, creo que deben dar gracias a Dios… Es cierto que todo venezolano tiene el derecho de regresar a su tierra con la sola presentación de su Cédula de Identidad, pero… sí existe un pero: deben estar solventes con la justicia y las leyes venezolanas. Todas las violaciones, no solo a las normas constitucionales, sino a las leyes civiles y penales de la nación son vox populi. Es decir: todo aquel que tenga cuentas con la justicia debe pagarlas primero para disfrutar de TODOS sus derechos.» Sacó su pañuelo a cuadros para secarse el sudor de la frente y continuó: «No confundamos al que vuelve con una maleta, deudas y ganas de re-empezar, con el que vuelve con el libreto de quien pidió castigo para Venezuela y ahora pretende venderlo como salvación. Al primero hay que abrirle espacio; al segundo, hacerle preguntas. Y ojo: la Ley de Amnistía General, aprobada por la Asamblea Nacional en enero de 2026, excluye explícitamente a quienes hayan cometido delitos de lesa humanidad, crímenes de guerra, homicidio intencional, corrupción o narcotráfico. No todos los que vuelven pueden acogerse. Algunos, simplemente, huyen de la justicia que creían haber dejado atrás.»

Un desconocido de una mesa cercana, un hombre de unos cuarenta años y algo gordito, y con una libreta en la mano, intervino con voz firme y un dejo de escepticismo. «Pero señor Anacleto, ¿y Omar González? Ese está en Caracas, caminando tranquilo, sin haberse acogido a la amnistía. ¿Eso no demuestra que no había persecución?»

Anacleto exhaló una bocanada de humo con lentitud deliberada. «Camarita, las declaraciones del «perseguido político» Omar González hay que analizarlas. Mientras, ya en Caracas y sin haberse acogido a la «amnistía», camina tranquilo y sin temores por las calles de la capital. Como ese hay muchos. Las preguntas claves no son ¿Cuándo va a pagar por sus fechorías?, ni ¿Cuándo le alcanzará el largo brazo de la Ley? Sino ¿Sabiéndose seguro en gringolandia y llamándose perseguido político en Venezuela, qué vino a hacer a este país? ¿Por qué «arriesgarse»? Bueno, la verdad está en la respuesta: nunca ha sido perseguido político y no fueron las «guacamayas» las que lo rescataron de la Embajada Argentina, sino que salió tranquilamente, como los otros, por la puerta principal. Y mientras tanto, el Foro Penal Venezolano reporta que más de 400 personas fueron liberadas bajo la Ley de Amnistía entre enero y agosto de 2026, pero al menos 150 siguen detenidas por delitos comunes, no políticos. Es decir: la amnistía no es un cheque en blanco, y el que tiene cuentas pendientes las va a pagar aquí o donde lo agarren.»

La estudiante de sociología, que había estado tomando notas, levantó la vista. «Anacleto, ¿y María Machado? Dicen que intentó regresar y no la dejaron.»

Anacleto soltó una carcajada breve, seca, sin alegría. «Mi niña, lo más llamativo de todo es el espectáculo piche, «Show de mala muerte» para suavizar la expresión, sobre los «innumerables intentos de la Loca por regresar urgentemente al país». Las fuentes informaron que intentó viajar desde Panamá con un PASAPORTE DIPLOMÁTICO PANAMEÑO; que trató de viajar a Aruba para venirse a Venezuela y tampoco le fue permitido. ¿Qué significa la acreditación de un PASAPORTE DIPLOMÁTICO panameño, ya que su constitución y leyes no contemplan la «doble nacionalidad», por lo que si se es extranjero/a se debe renunciar a cualquier otra nacionalidad que se tenga? Hizo una pausa y se acomodó los lentes de carey… luego preguntó: ¿Renunció la Loca a la nacionalidad venezolana, para llegar a Venezuela con pasaporte panameño que le diera cierta protección «diplomática»? La verdad saldrá a flote en cualquier momento. Además, no olvidemos que esa señora enfrenta una investigación en Venezuela por «traición a la patria», tipificada en los artículos 128 al 133 del Código Penal, por su participación en el intento de golpe de estado de 2019 y su apoyo a sanciones internacionales. La pena máxima por ese delito es de 30 años de prisión. Eso no es una opinión: es un expediente del Ministerio Público, el 2019-0345, en la Sala Penal del Tribunal Supremo de Justicia.»

El boticario, fiel a su papel de ingenuo estratégico, movió la cabeza. «Pero Anacleto, ¿y la «persecución política»? Dicen que aquí los persiguen por disentir.»

Anacleto apagó su cigarrillo contra el cenicero de latón y respondió. «Boticario, hay quienes olvidan que un «hecho» es una realidad que ha sucedido, que podemos comprobar, y que una «opinión» es una creencia, un sentimiento o visión subjetiva de las cosas. Como diría Cantinflas, «Ahí está el detalle», porque hay quienes quieren hacer creer a la gente que «su opinión» es un «hecho» o que un hecho no tiene validez porque no concuerda con su parecer. ¡Y hay quienes le creen!, sin entender que un «hecho» es una realidad incontrovertible.» Hizo un barrido con la vista antes de continuar. «Por ejemplo: Delcy está en Nueva York, para dar su discurso ante la 81a Asamblea General de las Naciones Unidas, en busca de estrechar lazos de amistad y cooperación. Ese es el hecho. Los resultados de esa gira se verán en las realidades que se generen y no de acuerdo a los opinadores de oficio, que se inventan un mundo fantasioso para engañar a la gente.»

Carmen, desde la barra, dejó el trapo y se apoyó en el mostrador. «Anacleto, y los «perseguidos políticos» que regresaron. ¿Qué están haciendo? ¿Qué vinieron a hacer?»

Anacleto exhaló una bocanada de humo con lentitud deliberada. «Carmen, ¿en qué andan los «tequeño crudo», los «Toledo», los «Ramírez», y todos aquellos «perseguidos políticos» que regresaron y deambulan por el país? ¿Estará Delsa lavando los barriles de petróleo para «reusarlos»? La verdad es que muchos regresaron con la cabeza gacha, porque el cuento de la persecución política se les cayó a pedazos. Nunca fueron perseguidos. Fueron inventados por una maquinaria de propaganda que ahora se desmorona. Y mientras ellos deambulan, el gobierno sigue en lo suyo: la CEPAL registra 18 trimestres consecutivos de crecimiento económico hasta el segundo trimestre de 2026, con un promedio anual del 4,2%, uno de los más altos de América Latina, y eso con sanciones encima; la producción petrolera alcanzó 1,25 millones de barriles diarios en julio de 2026, un 35% más que el mínimo de 373.000 que tocamos en 2020; y en Maracaibo, el programa «Gobierno de Calle» ha recuperado más de 120 plazas y parques desde agosto de 2025. El Parque Ana María Campos, que antes era un foco de inseguridad, hoy recibe más de 50.000 visitantes mensuales. Esos son hechos, camarita, no opiniones de Tuiter, ahora X, ni de Tik Tok.»

El sindicalista, con su voz grave de hombre de calle, golpeó la mesa con el puño. «Anacleto, ¿y el gobierno? ¿Qué dice y hace el gobierno de todo esto?»

Anacleto se levantó y caminó hacia la barra. Carmen le sirvió un café sin preguntar. Se sentó en el taburete, de espaldas a la mesa, y con voz clara y alta, soltó: «Camarita, el gobierno sigue en lo suyo. La Presidenta (e), Delcy Eloína Rodríguez Gómez, se encuentra en Nueva York para dar su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, y además, entre otras cosas, reunirse con el «felon convicted», otras autoridades gringas y otros mandatarios. Mientras los «perseguidos» regresan con el rabo entre las piernas, el gobierno sigue haciendo su trabajo diplomático. Y eso, camaritas, es la diferencia entre la política real y la politiquería irracional.»

El viejo periodista, con esa sabiduría de quien ha visto demasiados regresos, intervino. «Anacleto, ¿y la hipocresía política?»

Anacleto sonrió, esa sonrisa de quien sabe que la hipocresía, cuando se disfraza de virtud, termina por desnudarse sola. «Camarita, el mundo está lleno de politiqueros irracionales tipo el guayacán mayamero Narco Rubio y de hipócritas políticos como el pedófilo. Hacen falta más políticos como Chávez, Kirchner, Correa y Allende para que el mundo sea un lugar más vivible. Por eso siempre le digo a todo el que me escucha que antes de juzgarme, vayan y vivan todo lo que he pasado y luego se levanten; después, tal vez puedan juzgarme. Y hablando de hipocresía: ¿sabe usted que el 72% de los venezolanos en el exterior se informa por Twitter, Instagram y TikTok, y que de ese grupo el 65% admite haber compartido información sin verificarla? Eso lo documentó la Universidad de Oxford en 2026. Y la ONG Medianálisis, con sede en Caracas, registró más de 1.200 casos de noticias falsas sobre Venezuela difundidas por canales de Telegram y grupos de WhatsApp de la oposición en el exilio durante 2025. La mayoría buscaban generar desconfianza en el gobierno y desmovilizar a la población. Esa es la guerra cognitiva de la que tanto hablan, pero al revés.»

Se levantó y caminó hacia el ventanal. Se notaba algo inquieto. Carmen le sirvió un café sin preguntar. Se sentó nuevamente en el taburete, de espaldas a la mesa, pero con la voz clara y fuerte dijo. «Eduardo Galeano escribió que «la caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto». Y lo que estamos viendo, camaritas, es la humillación de los que se fueron creyéndose superiores, y ahora regresan porque el imperio que los protegía les dio la espalda. Es más fácil engañar a la gente que convencerla de que están siendo engañados. Pero la verdad, camaritas, siempre termina saliendo a la luz. Y la verdad es que Venezuela sigue en pie, con o sin los arrepentidos.»

Dio un sorbo de café y continuó: «Simón Bolívar dijo que «la soberanía es la autoridad suprema de un pueblo para regirse por sí mismo». Y eso, camaritas, es lo que está en juego. No el regreso de unos cuantos arrepentidos, sino la soberanía de un pueblo que ha decidido resistir sin inmolarse. Cuando se llama «paz» a la guerra y la propaganda es presentada como la verdad, es ahí donde la misma vida comienza a parecerse a la muerte. Pero nosotros, camaritas, seguimos eligiendo la vida.»

Se levantó de la barra y caminó lentamente hacia la puerta. Me hizo una seña. Se detuvo en el umbral, se medio volteó, con esa costumbre que ya es su sello y sentenció: «Albert Einstein dijo que temía el día en que la tecnología sobrepasara nuestra humanidad, porque el mundo solo tendría una generación de idiotas. Y ese día, camaritas, parece haber llegado para los que todavía creen que Miami es el paraíso y Caracas el infierno. El regreso de los «bichos» no es una victoria. Es una confesión. La confesión de que se equivocaron, de que fueron engañados, o de que simplemente huyeron cuando las cosas se pusieron feas. Y ahora, camaritas, la pregunta no es si vuelven arrepentidos. La pregunta es si vienen a trabajar por el país o si van a seguir en lo mismo.»

Salió y yo detrás de él. La puerta de El Bohemio se cerró con un golpe suave. Afuera, Maracaibo seguía su curso, con su sol ardiendo, su calor y su terquedad infinita. El ventilador siguió girando. Y en el silencio de El Bohemio, la pregunta quedó flotando en el aire, como el humo que todavía no se disipa: ¿Vuelven arrepentidos a trabajar por Venezuela, o vuelven a seguir haciendo politiquería irracional e hipocresía política?

El espejismo de la persecución política: cuando la mentira se desmorona – Nunca fueron perseguidos políticos. Fueron inventados por una maquinaria de propaganda que ahora se desmorona. Los que huyeron jurando que nunca volverían, ahora regresan deportados por el ICE o porque el «sueño americano» se les convirtió en pesadilla. El analista político venezolano Luis Vicente León, quien por cierto no es chavista ni simpatizante, ha señalado que «la narrativa de la persecución política se construyó para justificar el exilio, pero nunca tuvo sustento real». La verdad es que muchos se fueron por conveniencia, no por miedo. Y ahora, al regresar, lo confirman. Los números del propio gobierno estadounidense desmienten el relato. Según el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), en el año fiscal 2024 se ejecutaron más de 270.000 deportaciones, la cifra más alta en una década. Para 2026, con la intensificación de las redadas en estados como Florida y Texas, se proyecta superar las 350.000. No es Maduro quien los devuelve: es Trump. Y el programa «Parole Humanitario», que permitió la entrada legal de más de 100.000 venezolanos entre 2023 y 2024, fue suspendido por la administración Trump en enero de 2025. Miles quedaron en situación migratoria irregular, vulnerables a la deportación. The New York Times lo tituló sin rodeos en febrero de 2026: «Venezuelans Face Deportation After Parole Ends» (Los venezolanos enfrentan la deportación luego de la finalización del Parole). El impacto en la propia diáspora es medible. Doral, en Miami, conocido como «Doralzuela», ha visto una reducción del 40% en su actividad comercial y residencial desde el inicio de las redadas masivas en 2025. Las agencias inmobiliarias reportan un aumento del 60% en propiedades en venta con urgencia, según The Miami Herald y la Asociación de Agentes Inmobiliarios de Miami. El paraíso se vacía. Y los que vuelven no vuelven porque Maduro los persiga, sino porque el imperio que los protegía les cerró la puerta. Al volver, además, se topan con una ley que no los espera con los brazos abiertos. La Ley de Amnistía General, aprobada por la Asamblea Nacional en enero de 2026, excluye explícitamente del beneficio a quienes hayan cometido «delitos de lesa humanidad, crímenes de guerra, homicidio intencional, corrupción y narcotráfico». El Foro Penal Venezolano reporta que más de 400 personas fueron liberadas bajo la amnistía entre enero y agosto de 2026, pero al menos 150 siguen detenidas por delitos comunes, no políticos. La amnistía no es un cheque en blanco. Y el que tenga cuentas pendientes, las pagará.

La hipocresía de los que critican desde el exilio dorado – El mundo está lleno de politiqueros irracionales del tipo del guayacán mayamero Narco Rubio y de hipócritas políticos como el pedófilo. Los mismos que desde Miami criticaban cada falla del gobierno, ahora regresan con la cabeza gacha, sin trabajo, sin propiedades, sin futuro. El escritor uruguayo Eduardo Galeano escribió que «la caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba». Los que se fueron creyéndose superiores, ahora regresan humillados por el imperio que los usó y luego los desechó. La hipocresía siempre termina pagándose. El caso de María Machado es el más elocuente. La Constitución de Panamá, en su artículo 10, establece que «la nacionalidad panameña por nacimiento o por naturalización no se pierde, pero la ley reglamentará la doble nacionalidad». Sin embargo, para acceder a un pasaporte diplomático panameño se requiere ser ciudadano panameño y ocupar un cargo oficial o tener un estatus diplomático reconocido por el Estado panameño. Machado nunca cumplió esos requisitos. En 2019 fue designada por Juan Guaidó como «representante alterna» de Panamá ante la OEA, un cargo simbólico sin reconocimiento oficial del gobierno panameño, como documentó La Estrella de Panamá en agosto de 2023 bajo el título «El cargo fantasma de Machado». Sobre ese cargo fantasma se construyó el relato de una protección diplomática que nunca existió. Mientras tanto, en Venezuela, la investigación por «traición a la patria» sigue abierta. El Código Penal venezolano tipifica ese delito en los artículos 128 al 133, y la pena máxima es de 30 años de prisión. El expediente 2019-0345 del Ministerio Público, en la Sala Penal del Tribunal Supremo de Justicia, no es un tuit: es un documento judicial. La diferencia entre un relato y un expediente es la misma que hay entre una opinión y un hecho.

El reto del regreso: ¿trabajar por el país o seguir en lo mismo? – ¿En qué andan los «tequeño crudo», los «Toledo», los «Ramírez», y todos aquellos «perseguidos políticos» que regresaron y deambulan por el país? La pregunta no es si vuelven arrepentidos. La pregunta es si van a trabajar por Venezuela o van a seguir en la politiquería irracional. El político venezolano y ex-presidente de la República, Rómulo Betancourt, advirtió que «gobernar es hacer, no hablar». Venezuela necesita manos que construyan, no bocas que critiquen desde la comodidad del exilio. El regreso es el reto de la responsabilidad. Y el tiempo dirá quién está dispuesto a asumirlo. Mientras ellos deciden, el país sigue. La CEPAL registra 18 trimestres consecutivos de crecimiento económico hasta el segundo trimestre de 2026, con un promedio anual del 4,2%, uno de los más altos de América Latina, y eso con sanciones internacionales encima. La producción petrolera alcanzó 1,25 millones de barriles diarios en julio de 2026, según PDVSA y la OPEP, un 35% más que el mínimo de 373.000 bpd de 2020. En Maracaibo, el programa «Gobierno de Calle» ha recuperado más de 120 plazas y parques desde agosto de 2025, y el Parque Ana María Campos, antes un foco de inseguridad, recibe hoy más de 50.000 visitantes mensuales, según la Alcaldía y el diario Panorama. La narrativa del «país arruinado» se sostiene mejor en la distancia que en la calle. Y mientras la diáspora se informa por redes sociales —el 72% de los venezolanos en el exterior consume noticias por Twitter, Instagram y TikTok, y el 65% admite haber compartido información sin verificarla, según Oxford y el Reuters Institute—, la ONG Medianálisis documentó más de 1.200 casos de noticias falsas sobre Venezuela difundidas por canales de Telegram y WhatsApp de la oposición en el exilio durante 2025. La guerra cognitiva no es un invento del gobierno: es una práctica documentada, con cifras, con fuentes, con nombres. No es casualidad. La diáspora venezolana es uno de los públicos más conectados y más ansiosos del mundo. Y ese cóctel —ansiedad más redes sociales— es el caldo de cultivo perfecto para la manipulación. No hace falta inventar una crisis; basta con exagerar la que existe, repetirla hasta el cansancio y convertir el miedo en identidad. El que comparte sin verificar no es un mentiroso: es un soldado útil sin saberlo.

 

El Pepazo

Fuente original: Diario Digital El Pepazo https://elpepazo.com

https://elpepazo.com/el-regreso-de-los-arrepentidos-cuando-el-sueno-americano-se-convierte-en-pesadilla/?fsp_sid=69963

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