El ventilador de El Bohemio parecía tener una lentitud deliberada, como si también él quisiera escuchar con atención antes de mezclarse en el asunto. Era un jueves cualquiera, pero la noticia de la cumbre convocada por Marco Rubio en Washington había llenado el café de parroquianos. En la mesa del rincón, Anacleto tenía desplegado un informe de la reunión, con las líneas subrayadas en rojo. A su alrededor, el pichón de periodista, la profesora, el coronel retirado, el boticario, el viejo periodista y Carmen esperaban. En una mesa cercana, desconocidos escuchaban con atención.

El pichón de periodista fue el primero en hablar. «Anacleto, esto es una locura. Rubio convocó a 66 países para hablar de la «amenaza global de la izquierda». Dijo que todos los movimientos de izquierda son terroristas y hay que aniquilarlos. ¿De dónde saca esto?»
Anacleto no respondió de inmediato. Encendió un cigarrillo con esa parsimonia de quien sabe que las mentiras de los poderosos, cuando se documentan, se vuelven su propia sentencia. Exhaló el humo hacia el techo y lo vio deshacerse contra las aspas. «Camarita, lo que usted tiene ahí no es un informe diplomático. Es un manifiesto fascista con sello del Departamento de Estado. El narco-camaleón mayamero no está hablando de seguridad. Está construyendo un enemigo abstracto para justificar una cacería global, y lo hace con la misma técnica que usaron los inquisidores: inventas una herejía, la dotas de una organización ficticia, y luego reclamas el derecho a perseguirla hasta el exterminio.»
La profesora, con esa precisión de archivo que la caracteriza, desplegó el informe de la Global Terrorism Database. «La afirmación de que el 93% de los atentados en Occidente entre 1970 y 1980 fueron de extrema izquierda es una falsedad metodológica. Ese narco-camaleón mayamero no cita la base de datos, no define el periodo exacto, no aclara qué países incluye ni cómo clasifica los incidentes. La Global Terrorism Database exige criterios precisos. Sin metodología, el porcentaje no puede reproducirse ni aceptarse como un hecho demostrado. Es como si yo dijera que el 99% de los crímenes en Maracaibo los cometen los que no tienen ventilador: suena a verdad, pero no resiste el menor escrutinio.»
El coronel retirado, con su voz grave, se inclinó sobre la mesa. «Anacleto, y lo de Antifa. Dice que es una red terrorista mundial coordinada.»
Anacleto apagó un cigarrillo y encendió otro, su ritual del pensamiento. «Coronel, el propio Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos describe a Antifa como un movimiento descentralizado, sin estructura jerárquica. El FBI ha sostenido que las investigaciones se basan en actos violentos, no en ideologías. Ese narco-camaleón mayamero convierte contactos, viajes y canales digitales en una estructura terrorista global sin presentar públicamente su cadena de mando ni sus mecanismos comunes de financiación. Es como si dijera que todos los que toman café en El Bohemio son una célula terrorista porque comparten la misma mesa. Es absurdo.»
El boticario, fiel a su papel de ingenuo estratégico, movió la cabeza. «Pero Anacleto, ¿y lo de Cuba? Dice que Cuba construyó la extrema izquierda occidental.»
La carcajada de Anacleto retumbó en todo el café. «Boticario, Cuba apoya movimientos revolucionarios, sí. Eso no es un secreto. Pero este narco consumidor cubiche no presentó ni una sola prueba de que en 2026 dirija, financie o entrene una red terrorista internacional. Reuters lo constató: “Rubio no aportó evidencias”. Mezcla diplomacia, afinidad ideológica y apoyo operativo a organizaciones armadas como si fueran una misma cosa. Es la técnica de la culpa por asociación: si alguien coincide con Cuba en algo, entonces es un terrorista. Con ese criterio, medio mundo sería terrorista.»
El viejo periodista, con esa sabiduría de quien ha visto demasiadas cacerías ideológicas, intervino. «Y lo de la inmigración es el colmo. Dice que la amenaza terrorista continuará mientras los países toleren sistemas migratorios que la importan directamente. El FBI ha señalado que una parte esencial de la amenaza procede de actores autoradicalizados dentro de Estados Unidos. Esa basura humana transforma un riesgo concreto en una sospecha general sobre millones de migrantes. Es el viejo truco del chivo expiatorio: culpa a los extranjeros de los problemas internos.»
La estudiante de sociología, que había estado tomando notas, levantó la vista. «Anacleto, y la frase: «Los peores se rebelan contra los mejores». Eso suena a algo más que una declaración política.»
Anacleto la miró con una mezcla de ternura y dureza. «Mi niña, esa frase no es política, es fascismo en estado puro.» se acomodó sus lentes de carey y, con esa firmeza típica en él, continuó: «El Museo Conmemorativo del Holocausto identifica entre los rasgos del fascismo el rechazo de la igualdad, la subordinación de los derechos individuales a una comunidad nacional excluyente, y la eliminación de quienes son presentados como obstáculos. Mussolini defendió la «desigualdad inmutable, beneficiosa y fecunda de la humanidad». La frase de este camaleón cubiche es un calco de esa doctrina. No describe actos delictivos; divide a la sociedad en categorías humanas superiores e inferiores.»
Un desconocido de una mesa cercana, que había estado escuchando con atención, intervino con voz firme. «Y luego dice: «Hay que aplastar este mal para siempre». Eso no es un llamado a la justicia. Es un llamado a la guerra absoluta. ¿No es eso lo que hacían los inquisidores?»
Anacleto lo miró con atención, como si hubiera encontrado una pieza que faltaba en el rompecabezas. «Tiene razón, camarita. Los inquisidores quemaban herejes porque los consideraban un mal absoluto que debía ser extirpado. Narco Rubio está haciendo exactamente lo mismo: convierte a la izquierda en una herejía y reclama el derecho a perseguirla hasta su aniquilación. Ningún otro discurso de Narco Rubio se parece tanto al de Adolfo Hitler, cuando dijo: ‘Ante Dios y el mundo, el más fuerte tiene el derecho de hacer prevalecer su voluntad’. Esa es la matriz de la cumbre: no seguridad, sino supremacía ideológica con patente de corso.»
Carmen, que había estado escuchando desde la barra, dejó el trapo y se apoyó en el mostrador. «Anacleto, y los representantes de los países, que asistieron, ¿no ven lo que está haciendo…, no se dan cuenta de la infamia?»
Anacleto exhaló una bocanada de humo con lentitud deliberada. «Carmen, muchos fueron por presión, no por convicción. Las delegaciones de bajo perfil, los representantes técnicos, los que se sentaron pero no aplaudieron… todo eso es una señal de que el discurso del narco cubiche incomoda incluso a sus aliados. Pero el problema no son los que van. El problema es que esa rata de dos patas está construyendo un lenguaje de persecución que, una vez instalado, será difícil de desactivar. Porque cuando se normaliza la idea de que un campo político entero es terrorista, la siguiente etapa es la desaparición de cualquier oposición legítima.»
Anacleto se levantó y caminó hacia la barra. Carmen le sirvió un café sin preguntar. Se sentó en el taburete, de espaldas a la mesa, bebió un sorbo y con la voz clara y fuerte soltó: «Nuestro Simón Bolívar dijo que «la libertad no es más que la posibilidad de mejorar». Y eso, camaritas, es lo que esa “hiena del infierno” no puede tolerar. Porque la izquierda, en su sentido más profundo, es la posibilidad de mejorar, de cuestionar, de imaginar otro mundo. Y quienes tienen el poder no quieren que se mejore, no quieren que se cuestione, no quieren que se imagine. Quieren que todo siga igual, con ellos en la cima y el resto abajo. Por eso construyen un enemigo abstracto. Porque es más fácil perseguir una idea que enfrentar una realidad.»
Dio un sorbo de café y continuó: «Rómulo Gallegos escribió que «la barbarie no está en el llano, está en el corazón del hombre». La barbarie de esta cumbre está en el corazón de quienes la convocaron, en su decisión de vestir de seguridad lo que es una cacería ideológica, en su empeño de presentar como amenaza global lo que es una diferencia política. La barbarie, camaritas, está en la arrogancia de creer que se puede aplastar una idea con decretos.»
Se levantó de la barra y caminó lentamente hacia la puerta. Me hizo una seña. Se detuvo en el umbral, se medio volteó, con esa costumbre que ya es su sello, y dijo: «George Orwell escribió en ‘1984’ que ‘el control del pasado depende del control del presente’. Narco Rubio está intentando controlar el futuro construyendo un presente donde la izquierda sea terrorista, donde la disidencia sea crimen, y donde la política sea guerra.» Sacó su pañuelo a cuadros para secarse el sudor de la frente y continuó: «Pero el pasado, camaritas, tiene sus propias lecciones. Y las lecciones del pasado nos dicen que las cacerías ideológicas siempre terminan mal. Para los perseguidos, sí… pero también para los perseguidores. Porque cuando se instala el miedo como doctrina, nadie está a salvo.»
Salió y yo detrás de él. La puerta de El Bohemio se cerró con un golpe suave. Afuera, Maracaibo seguía su curso, con sus buhoneros, su calor y su terquedad infinita. El ventilador siguió girando. Y en el silencio de El Bohemio, la pregunta quedó flotando en el aire, como el humo que todavía no se disipa: ¿Cuánto tiempo más permitiremos que el miedo se vista de seguridad para justificar la persecución de quienes piensan distinto?
La metodología de la mentira: cómo se construye una amenaza ficticia – La cumbre convocada por Marco Rubio se sostiene sobre una arquitectura de falsedades verificables. La afirmación de que el 93% de los atentados en Occidente entre 1970 y 1980 fueron de extrema izquierda no está respaldada por ninguna base de datos metodológicamente rigurosa. La Global Terrorism Database exige criterios precisos para clasificar incidentes, y Europol distingue entre terrorismo yihadista, derechista, izquierdista y etnonacionalista. Rubio no cita la metodología, no define el periodo exacto ni los países incluidos. El historiador británico Eric Hobsbawm observó que «el nacionalismo es una invención, pero una vez inventado, se convierte en una realidad política». Rubio está inventando una amenaza para convertirla en una realidad política. La izquierda, como categoría, no es terrorista; la violencia política puede ser perpetrada por individuos de cualquier signo. Pero la generalización es la herramienta favorita del que no tiene pruebas.
La matriz fascista: cuando la política se convierte en guerra absoluta – El discurso de Rubio contiene elementos que el Museo Conmemorativo del Holocausto identifica como rasgos del fascismo: rechazo de la igualdad, subordinación de los derechos individuales a una comunidad nacional excluyente, construcción de amenazas existenciales y aceptación de la violencia contra quienes son presentados como obstáculos. Frases como «los peores se rebelan contra los mejores» y «hay que aplastar este mal para siempre» no describen actos delictivos concretos; dividen a la sociedad en categorías humanas superiores e inferiores. El filósofo italiano Giorgio Agamben ha señalado que «el estado de excepción se convierte en la regla cuando el poder necesita justificar la suspensión de derechos». Esta cumbre es un intento de instalar un estado de excepción ideológico, donde cualquier oposición pueda ser tratada como terrorismo.
La hipocresía selectiva: lo que Rubio ve y lo que ignora – Rubio convoca una cumbre contra el «terrorismo de izquierda» mientras su administración despliega más de 900 efectivos militares en Venezuela, bombardea Irán y mantiene bloqueos genocidas contra países que no se alinean con sus intereses. El analista venezolano Carlos Romero ha señalado que «la rapidez de la respuesta militar sugiere que los planes ya estaban en marcha, independientemente del desastre». La misma administración que se presenta como defensora del orden internacional viola sistemáticamente el derecho internacional; la misma administración que combate el «terrorismo de izquierda» financia dictaduras que han masacrado a sus propios pueblos; la misma administración que se presenta como defensora de los derechos humanos asesinó y asesina insolentemente a inocentes pescadores en el Caribe. Eduardo Galeano escribió que «la caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto». Rubio no ofrece solidaridad, ofrece verticalidad; no respeto, sumisión. Y la sumisión es el objetivo final de esta cumbre.
El Pepazo
Fuente original: Diario Digital El Pepazo https://elpepazo.com
https://elpepazo.com/las-mentiras-de-marco-rubio-en-su-cumbre-anti-izquierda/?fsp_sid=28506









