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El ventilador de El Bohemio giraba con esa lentitud que precede a las grandes preguntas. Sobre la mesa del rincón, Anacleto tenía desplegados varios recortes de prensa, la mayoría con titulares estridentes que prometían liberaciones inminentes y catástrofes judiciales. A su alrededor, la profesora, el coronel retirado, el boticario, el viejo periodista, el sindicalista, un obrero, Carmen, la estudiante de sociología y el pichón de periodista esperaban. En mesas cercanas, varios desconocidos escuchaban con atención.

El pichón de periodista fue el primero en hablar. «Anacleto, esto es un caos. Los titulares dicen que Maduro será liberado, que el juez ordenó su excarcelación, que Trump está acorralado. Pero cuando uno lee, no hay nada verificado. ¿Qué está pasando realmente?»

Anacleto no respondió de inmediato. Encendió un cigarrillo con esa parsimonia de quien sabe que las noticias falsas, cuando se repiten, terminan por confundir a propios y extraños. Exhaló el humo hacia el techo y lo vio deshacerse contra las aspas. «Camarita, lo que usted tiene ahí no son noticias. Son carnadas de clics. Titulares como «URGENTE VENEZUELA CELEBRA. EEUU DEJA EN LIBERTAD A MADURO» o «Cayó Corte de New York Maduro en libertad y Trump a la cárcel» son producto de la imaginación exacerbada de quienes los producen. Ninguno trae información verificable. Y lo que no se puede verificar, camaritas, no es noticia. Es ruido.»

La profesora, con esa precisión de archivo que la caracteriza, desplegó el expediente judicial. «Anacleto, lo único cierto es que Nicolás Maduro está detenido en Brooklyn, Nueva York, y su defensa acaba de pedir al juez Elvin Hellerstein desestimar los cargos por las alegaciones de inmunidad como jefe de Estado. Hay una audiencia prevista para el 17 de septiembre. Si el juez determina ese día que Maduro no debe estar en prisión, lo van a tener que dejar libre inmediatamente. Pero eso, camaritas, depende de un obstáculo importante: el «felon convicted» no quiere a Maduro fuera.»

El desconocido de una mesa cercana, un hombre de unos sesenta años con el pelo cano y una libreta en la mano, intervino con voz firme y un dejo de escepticismo. «Pero señor Anacleto, ¿y el precedente de Noriega? Dicen que es el mismo caso.»

Anacleto apagó un cigarrillo y encendió otro, su ritual del pensamiento. «Camarita, el precedente de Noriega no guarda ninguna relación ni parecido con el caso de Maduro. Noriega nunca fue reconocido en su país como Presidente, mientras que a Nicolás Maduro fue señalado y reconocido por el Consejo Nacional Electoral venezolano y luego ratificado por el Tribunal Supremo de Justicia, que es la máxima autoridad legal del país. Además, Maduro goza del reconocimiento de 152 países de la ONU y el apoyo irrestricto de naciones como Rusia, China, Irán, Corea del Norte, Cuba y Nicaragua. Así como el respaldo de las grandes marchas y peregrinaciones nacionales que solicitan su inmediata liberación. La diferencia, camaritas, es abismal.»

El coronel retirado, con su voz grave, se inclinó sobre la mesa. «Anacleto, ¿y por qué Trump no quiere que Maduro salga? ¿No es acaso que el acuerdo petrolero ya está firmado?»

Anacleto exhaló una bocanada de humo con lentitud deliberada. «Coronel, el detalle de Maduro en la cárcel y no dejarlo salir es especialmente para eso, para que Maduro no tumbe el acuerdo que Delcy Rodríguez firmó con Trump. El pedófilo no quiere a Maduro fuera por un simple detalle: el petróleo venezolano. Estados Unidos estaba quebrado. No tenían dinero ni tampoco recursos energéticos y Delcy Rodríguez le ha salvado el futuro. Pero un Maduro libre, camaritas, es un Maduro que puede hablar, que puede denunciar, que puede movilizar. Y eso, para Washington, es un riesgo que no están dispuestos a correr.»

Carmen, desde la barra, dejó el trapo y se apoyó en el mostrador. «Anacleto, y el juicio. Dicen que hay una negociación para que Maduro entregue a los líderes del gobierno a cambio de su libertad. ¿Eso es cierto?»

Anacleto apagó un cigarrillo y encendió otro, su ritual del pensamiento. «Carmen, le pidieron a Maduro que llegara a una negociación con el gobierno de los Estados Unidos para que entregara a todos los altos líderes del gobierno, para que Estados Unidos los acusara y pudiera quitarle todos los bienes. Le iban a dar la oportunidad de regresar a Venezuela, pero no como presidente, sino para apoyar al nuevo gobierno que Estados Unidos quería instaurar. Algo muy poco probable. Maduro no es un delincuente que negocia su libertad a cambio de traicionar a los suyos. Es un presidente que resiste.»

El sindicalista, con su voz grave de hombre de calle, golpeó la mesa con el puño. «Anacleto, ¿y la posibilidad real de que salga libre? ¿Cuáles son los escenarios?»

Anacleto se levantó y caminó hacia la barra. Carmen le sirvió un café sin preguntar. Se sentó en el taburete, de espaldas a la mesa, pero con la voz clara. «Camarita, el camino de Maduro se abre en tres sendas, y ninguna es fácil. La primera, la negociación directa con Washington… un espejismo, camarita, un espejismo. La segunda, que los jueces cumplan su ley y Trump no ponga el pie… posible, pero difícil. Y la tercera, la más amarga: el regreso a casa, pero sin la corona, como un ciudadano más, y con las manos vacías. Tres caminos, camarita. ¿Cuál creen que le espera?»

La estudiante de sociología, que había estado tomando notas, levantó la vista. «Anacleto, ¿y el gobierno de Delcy? ¿De dónde nace su legalidad?»

Anacleto la miró con esa mezcla de ternura y dureza que reserva para las preguntas que vienen del corazón. «Mi niña, la legalidad constitucional del gobierno de Delcy Rodríguez nace de su designación como Vicepresidenta de Venezuela por parte del Presidente Maduro. Es una cadena de mando que no se rompe con un secuestro. Y mientras esa cadena se mantenga, camaritas, el gobierno sigue siendo legítimo.»

El viejo periodista, con esa sabiduría de quien ha visto demasiados juicios amañados, intervino. «Anacleto, y el juicio. ¿Cuándo empieza?»

Anacleto apagó un cigarrillo y encendió otro, su ritual del pensamiento. «Camarita, por ahora habrá un juicio político que está previsto para el primero de junio del 2027, salvo que antes se desestimen los cargos por los jueces o haya algún acuerdo político jurídico con Maduro. Pero lo que está claro, camaritas, es que los jueces no pueden castigarlo con prisiones de cadena perpetua solo porque un delincuente diga que es así.»

El boticario, fiel a su papel de ingenuo estratégico, movió la cabeza. «Anacleto, y Trump. ¿Por qué él no está preso? Dicen que tiene 34 cargos federales.»

Anacleto sonrió, esa sonrisa de quien sabe que la justicia, cuando es selectiva, deja de ser justicia. «Boticario, Trump sí puede comprar la justicia. Los jueces determinaron que Trump, por ser presidente o ex-presidente, tenía inmunidad y lo dejaron libre. Pero Maduro, siendo presidente legítimo de una nación, no debería ser encarcelado y menos en los Estados Unidos, a donde ni siquiera ha vivido en su vida. Es el doble rasero, camaritas. El mismo que aplican con Israel y con Palestina. El mismo que aplican con Ucrania y con el Sahel.»

Se levantó y caminó hacia la barra. Carmen le sirvió un café sin preguntar. Se sentó en el taburete, de espaldas a la mesa, pero con la voz clara y fuerte. «Simón Bolívar dijo que «la soberanía es la autoridad suprema de un pueblo para regirse por sí mismo». Y eso, camaritas, es lo que está en juego. No la libertad de un hombre. La soberanía de un pueblo que ha decidido resistir sin inmolarse. La verdadera amenaza no son los misiles. La verdadera amenaza es el sistema que hace los misiles necesarios.»

Dio un sorbo de café y continuó: «Eduardo Galeano escribió que «la dignidad es un lujo que solo pueden permitirse los que no tienen nada que perder». Y nosotros, camaritas, hemos perdido mucho. Pero no hemos perdido la dignidad. Quien crea que Venezuela ya fue sometida está confundiendo presión extrema con rendición definitiva.»

Se levantó de la barra y caminó lentamente hacia la puerta. Me hizo una seña. Se detuvo en el umbral, se medio volteó, con esa costumbre que ya es su sello. «Fiódor Dostoievski escribió que «el poder no se mide por la capacidad de encarcelar a un hombre, sino por la incapacidad de doblegar a un pueblo que lo defiende». Y eso, camaritas, es lo que está pasando en Venezuela. Maduro está preso, sí. Pero el pueblo sigue en la calle, la cúpula sigue unida, el gobierno sigue funcionando, y el petróleo, aunque se negocie, no se entrega. La pregunta no es si Maduro saldrá libre. La pregunta es si el imperio entenderá que ningún acuerdo petrolero puede comprar la dignidad de un pueblo.»

Salió y yo detrás de él. La puerta de El Bohemio se cerró con un golpe suave. Afuera, Maracaibo seguía su curso, con su sol ardiendo, su calor y su terquedad infinita. El ventilador siguió girando. Y en el silencio de El Bohemio, la pregunta quedó flotando en el aire, como el humo que todavía no se disipa: ¿Liberación o martirio? ¿Cuál de los dos caminos le espera a Nicolás Maduro, y cuál de los dos le conviene más al imperio?

La farsa de los titulares: el clickbait como arma de confusión – Titulares como «URGENTE VENEZUELA CELEBRA EEUU DEJA EN LIBERTAD A MADURO» o «Cayó Corte de New York Maduro en libertad y Trump a la cárcel» son producto de la imaginación exacerbada de quienes los producen. Ninguno trae información verificable. El analista de medios venezolano Andrés Cañizález ha señalado que «el clickbait no es un error periodístico, es una estrategia de intoxicación». La verdad, camaritas, es que Maduro está detenido en Brooklyn y su defensa pide la desestimación de los cargos. Todo lo demás es ruido.

El doble rasero de la justicia: Trump libre, Maduro preso – Trump sí puede comprar la justicia. Los jueces determinaron que Trump, por ser presidente o ex-presidente, tenía inmunidad y lo dejaron libre. Pero Maduro, siendo presidente legítimo de una nación, no debería ser encarcelado. El jurista español Baltasar Garzón ha señalado que «la justicia universal solo es válida cuando se aplica a todos por igual». Si Washington puede encarcelar a un jefe de Estado extranjero y dejar libre a un convicto con 34 cargos federales, entonces el principio de igualdad ante la ley es una ficción. Y eso, camaritas, es el núcleo del problema.

La legalidad de Delcy y la cadena de mando constitucional – La legalidad constitucional del gobierno de Delcy Rodríguez nace de su designación como Vicepresidenta de Venezuela por parte del Presidente Maduro. Es una cadena de mando que no se rompe con un secuestro. El constitucionalista venezolano Hermann Escarrá ha señalado que «la sucesión presidencial en Venezuela está establecida en el artículo 233 de la Constitución, y la ausencia forzada del presidente no extingue su investidura». El gobierno de Delcy no es una usurpación. Es la continuidad constitucional de un Estado que se niega a desaparecer. Y mientras esa cadena se mantenga, Venezuela seguirá gobernándose a sí misma, aunque Washington no quiera reconocerlo.

 

El Pepazo

Fuente original: Diario Digital El Pepazo https://elpepazo.com

https://elpepazo.com/liberacion-o-martirio-la-encrucijada-de-nicolas-maduro/?fsp_sid=60583

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